Se exige y se pide a los diferentes agentes que intervienen en el proceso constructivo que promuevan productos, sistemas y procedimientos que mejoren la obra final, así como avances que permitan aumentar las prestaciones, reducir los costes y acortar los plazos de ejecución
Aumentar las prestaciones hoy implica valorar las características de la obra tanto en el momento actual como a lo largo de todo su periodo de vida útil. También su impacto en la salud de las personas y en los entornos natural y ambiental. En construcción se puede innovar en productos, en sistemas constructivos y en procedimientos de construcción. Este artículo se centra en la innovación en sistemas.
¿Cuál es la vida útil de una obra? La respuesta puede generar debate, pero todo el mundo admite, y la legislación actual así lo certifica, que la durabilidad de una obra debe ser a largo plazo. La seguridad y la prudencia, por tanto, deben ser extremas, y la experiencia nos muestra que la fiabilidad de un sistema viene determinada por el seguimiento a lo largo de la “curva de experiencia”.
Los problemas asociados a los nuevos sistemas de construcción son más costosos de resolver, tanto económica como socialmente. ¿Qué ha ocurrido con la introducción de nuevas metodologías constructivas en el pasado? ¿Se han generado dificultades? ¿Qué deberíamos hacer con la experiencia adquirida? El tema da para mucho y debería ser objeto de un debate serio y alejado de intereses sectoriales o comerciales.
Tecnología y formación
Los promotores deberían someter los nuevos productos a exigentes estudios y al seguimiento de sus primeras aplicaciones. En Europa disponemos de buenos centros tecnológicos con solvencia y capacidad.
Dada por supuesta esta fase, es necesario informar y formar adecuadamente a los prescriptores y usuarios de los nuevos productos y sistemas. Si se analizan muchos de los problemas surgidos, puede detectarse una falta de formación en el uso de productos que han sido aplicados fuera del ámbito para el que fueron diseñados. Todo nuevo material o sistema exige formación en su uso, y la responsabilidad del fabricante o promotor no termina con una nota a pie de página para eximirse de responsabilidades.
Existe un conflicto entre el desarrollador de un nuevo producto o sistema, que quiere amortizar rápidamente la inversión inicial, y la prudencia necesaria en su introducción en la construcción. Será preciso evaluar el riesgo en cada caso y actuar con responsabilidad. Habrá que recurrir a los buenos centros tecnológicos y, sobre todo, formar a los usuarios en los requerimientos de los nuevos materiales.
El sector de la construcción necesita innovación solvente y responsable, y los riesgos inherentes a la innovación no deberían frenarla. El riesgo inherente al progreso debe gestionarse.





